La química de los abrazos

Amplía la base científica de la teoría de que para el recién nacido es fundamental recibir contacto físico para poder desarrollarse adecuadamente.

En la actualidad existe una rica línea de investigación que otorga una importancia extrema al contacto físico con el recién nacido. Sostener a un bebé en sus brazos tanto como sea posible y cada vez que lo pide está satisfaciendo su necesidad innata de contacto. Este contacto es el componente básico para desarrollar un sentido de apego.

Pequeños elementos se unen para componer un rompecabezas articulado y estructurado: cuanto más se asegure el contacto físico del bebé con un adulto, mejor se desarrollarán sus funciones cognitivas. Y de manera más general, el crecimiento de una persona sana está asegurado.

Por eso es un placer traer de vuelta la iniciativa de una asociación activa en la región de Turín que se encarga de garantizar la dosis necesaria de cuidados a los bebés que lo necesitan.

Medir la efectividad del contacto físico demostrado por la investigación científica

Contacto visual, contacto piel a piel e incluso la forma de los brazos que permiten un abrazo envolvente. Todos ellos están estructurados en conjunto para brindar al recién nacido la estabilidad y certeza que una nueva vida exige desde el nacimiento. De hecho, la demanda de contacto físico es innata y permite que los niños pequeños aún inmaduros recuperen la misma comodidad y seguridad que sintieron en el útero de la madre durante la gestación. La reflexión sobre la inmadurez del recién nacido al nacer es importante porque da un elemento importante para entender lo importante que es ofrecer contacto físico para tranquilizar al bebé.

Por su conformación, el cuerpo femenino soporta el peso de la gestación, por lo tanto del bebé y del saco amniótico, solo sobre los músculos del perineo. Es una banda elástica que forma un ocho entre el ano y la vagina. Una banda de músculos muy estrecha y fina que sin duda se apoya en otros elementos, pero ciertamente poco en comparación con los abdominales como en el caso de los cuadrúpedos que con estos soportan el peso de los más pequeños. El tamaño del canal vaginal tampoco es tal que pueda soportar el paso de un ser completamente formado.

No es casualidad que los huesos del cráneo no estén completamente cerrados al nacer, precisamente para facilitar la expulsión durante el parto.

Todos estos elementos deben hacernos reflexionar sobre la necesidad de ofrecer al bebé los mismos elementos de contención, protección y cuidado que los recibió en el vientre materno. Estos serán los ingredientes esenciales para lograr mejor el desarrollo del individuo sano.

No toma el hábito, el recién nacido desarrolla sus propias habilidades

Entonces, cuando un bebé reclama su derecho a estar en sus brazos, solo responde a una necesidad real. El que le permitirá sentirse protegido y seguro a la vez que es absolutamente vulnerable a cualquier riesgo que pueda estar acechando en el entorno que lo rodea.

La necesidad de contacto y comodidad es tan verdadera como mutua. No es casualidad que la sensación que despierta un recién nacido en los adultos sea una sensación de ternura. Incluso en los adultos se liberan sustancias que hacen que el cerebro reaccione, sintiendo una sensación natural de cuidado y protección hacia el recién nacido.

Incluso si está completamente indefenso, el recién nacido tiene herramientas importantes. Usa el llanto para llamar la atención sobre sí mismo, luego se asegura de que el adulto objetivo todavía esté allí y no lo haya dejado. Se manifiesta a través de signos que rápidamente aprendemos a reconocer, las diferentes necesidades y sobre todo tiene una fuerte capacidad de empatía. Por ejemplo, podrá comprender el estado mental de la madre. Y esta es la razón por la que los bebés suelen tardar mucho en dormirse cuando la madre está más cansada: perciben el malestar y lo manifiestan como un reflejo.

Pero también para reconocer las primeras rutinas y preparaciones para las actividades que le gustan especialmente. Por ejemplo, pronto aprenderá a distinguir los juegos previos de la bañera de un bebé, aunque la mayoría de las veces tienen lugar en la misma mesa para cambiar pañales donde se realiza el cambio de pañal.

Como primates en busca de contacto y cuidado.

Cualquier excusa para ofrecer contacto visual y físico, pero también con palabras y gestos cotidianos es la mejor solución para darle al pequeño elementos que le permitan adquirir las habilidades que necesita para estar en el mundo.

A fines de la década de 1950, un estudio realizado en los Estados Unidos reveló la importancia del apego, lo que resultó en una rica corriente de estudios sobre la definición de amor.

A los macacos tomados de sus madres pocas horas después del nacimiento se les ofreció permanecer en jaulas vacías o con maniquíes que se parecían vagamente a monos. Los cachorros rápidamente mostraron su interés por estos maniquíes con mantas de tela suave a pesar de que no ofrecían comida. Y sobre todo, mostraron mayor interés incluso ante la presencia de objetos similares, pero desnudos y de los que pudieran alimentarse.

El impacto de este experimento en la evolución de la ciencia moderna es muy importante. Con las teorías del apego determinando el alcance de las diferentes fases del desarrollo neonatal, no solo se revolucionan los principios subyacentes de la pedagogía. Ofrece herramientas para profundizar en el análisis del funcionamiento del cerebro.

Un cóctel aplastante de hormonas del bienestar para adultos y bebés

Las caricias ya juegan un papel importante durante las etapas del parto, por lo que son invaluables para ayudar a la mujer a encontrar la relajación y concentración adecuadas que necesita durante las fases de expulsión.

El contacto favorece la liberación de hormonas implicadas en el parto, endorfinas que determinan la percepción del dolor y oxitocina que regula las contracciones pero que también es la hormona de la felicidad.

La liberación de oxitocina también está asociada con la producción de prolactina, que regula la formación de leche. La succión de los labios del bebé estimula su producción y la primera consecuencia es que el útero vuelve a su forma normal, eliminando el riesgo de sangrado en la madre.

Por otro lado, las caricias, las miradas y el contacto piel con piel ofrecen al recién nacido todos los elementos para sentirse tranquilo y protegido.

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