Fiebre neonatal: esto es lo que debe hacer

El bebé necesita mucho cuidado y atención, hablar con el pediatra es el primer paso para asegurarse de que todo sea normal.

Hay algunos aspectos que hay que valorar con serenidad y desprendimiento, aunque parezca imposible, a la hora de tratar casos de malestar infantil.

Por lo general, es muy poco probable que aumente la fiebre alta en bebés muy pequeños, debido a la inmadurez del sistema inmunológico y la naturaleza especial de la fiebre.

Pero puede suceder que ciertos patógenos, como virus y bacterias, ataquen al organismo nenoato que debe ser monitoreado de cerca. No es necesario alarmarse para no transmitir una sensación de tensión al niño que en esta etapa de la vida es muy sensible a los cambios de humor de los adultos de referencia.

La fiebre es un síntoma a tener en cuenta

En un individuo sano y en la mayoría de los casos, la fiebre es una ocurrencia común que indica la respuesta activa del sistema inmunológico al ataque de patógenos como virus y bacterias. Es un mecanismo sofisticado que permite al cuerpo deshacerse de invitados no deseados y activar su sistema inmunológico. La respuesta en este caso es automática y representa un estado fisiológico y no es en sí misma una señal negativa.

Hay muchos padres de niños en edad preescolar y primaria que saben que la fiebre no será suficiente para acabar con sus pequeños terremotos. Pero para los nuevos padres, el episodio febril del recién nacido puede ser más estresante y perturbador.

La inexperiencia y la dificultad para comunicarse con el bebé dificultan el manejo de las primeras fiebres. Por esta razón, es bueno saber qué vigilar cuidadosamente para asegurarse de intervenir de manera oportuna y no inapropiada.

La incomodidad del bebé no siempre se asocia con un llanto fuerte, otros factores como la falta de apetito o la dificultad para hidratar al bebé también son cosas a considerar cuidadosamente. La respuesta a las terapias debe ser cuidadosamente observada y monitoreada para poder seguir escrupulosamente y con cuidado el plan de tratamiento propuesto por el pediatra.

Es por eso que es bueno realizar un seguimiento del momento de la administración del medicamento si es necesario. Además, también es bueno tener una referencia escrita de la tendencia febril a comprender la respuesta del cuerpo a los estímulos externos que recibe.

Comportamientos del bebé a considerar

La respiración, su ritmo y el movimiento del abdomen, son señales a tener en cuenta en paralelo con la medición de la temperatura corporal. De hecho, pueden indicar la presencia de infecciones e inflamación de las vías respiratorias.

Es importante considerar que la infección del tracto respiratorio es peligrosa por sus consecuencias indirectas. El recién nacido no puede respirar por la boca de inmediato y también puede afectar su capacidad para alimentarse. Aquí existe el riesgo de un peligroso círculo vicioso en el que el pequeño no puede alimentarse lo suficiente para contrarrestar el ataque de patógenos que pueden apoderarse.

Tener claro estas condiciones clínicas es importante para que pueda informarlas correctamente al farmacéutico o pediatra que sigue al bebé. La evaluación del personal adecuado es esencial para determinar cuáles deben ser los próximos pasos y qué tipo de intervención implementar.

Un agotamiento particular puede hacer que el pequeño se sienta muy débil y duerma más de lo habitual. Esto es difícil de evaluar objetivamente en un bebé que puede dormir, en condiciones normales, incluso 19 horas al día. Sin embargo, es fundamental comprobar si está respondiendo correctamente a los estímulos, especialmente tras la administración de medicamentos prescritos por el pediatra. Entonces, si está interesado en las acciones de los adultos, si sigue los objetos con la mirada, intenta atraparlos y en general se ve vivo y feliz.

La importancia de una correcta medición de la temperatura

Para valorar si la temperatura es la adecuada, es bueno medirla con los instrumentos adecuados y según los métodos recomendados según la edad. Especialmente para los recién nacidos, es común encontrar la recomendación de usar el termómetro rectal con un bulbo particularmente delgado adecuado para esta zona. Sin embargo, las directrices de la Sociedad Italiana de Pediatría desaconsejan esta práctica, las razones son obvias: la zona es extremadamente delicada y es difícil mantener al bebé quieto hasta el final. Mientras tanto, podría masturbarse y causar heridas peligrosas.

Por el contrario, es menos arriesgado utilizar termómetros digitales, por tanto flexibles e irrompibles, para medir la temperatura axilar. De esta manera, es más fácil tener una estimación confiable y más veraz del valor real.

Evite estrictamente la automedicación

Esta recomendación debe seguirse en uno mismo y más aún en los recién nacidos que tienen necesidades específicas que respetar. Su fisiología es muy diferente a la de los adultos e incluso de los niños mayores, por lo que es fundamental prestar especial atención al protocolo a seguir.

Las instrucciones del pediatra deben seguirse cuidadosa y escrupulosamente. La solicitud de motivos del tipo de tratamiento propuesto no debe considerarse una evasión. Se trata de prestar especial atención al tipo de efecto que se desea obtener y las razones que llevan al médico a ofrecer un tipo de terapia en particular. Será útil asegurarse de que el curso del tratamiento sea positivo.

Es común pensar que el antibiótico es imprescindible después de tres días de fiebre. En realidad, se trata de un falso mito difícil de disipar y que corre el riesgo de tener consecuencias muy nefastas. El antibiótico solo mata las bacterias y es ineficaz en la infección viral. Por el contrario, la administración innecesaria corre el riesgo de debilitar al bebé y hacerlo más vulnerable a los ataques de otros patógenos.

La tos y la fiebre son síntomas, no enfermedades per se

Puede ser muy difícil mantener la calma frente a enemigos invisibles que se manifiestan como fiebre y tos. Aun así, los padres debemos esforzarnos por no caer en el error de ver estos síntomas como la enfermedad en sí.

Los síntomas son la manifestación del malestar, observar cuidadosamente su curso y progresión, o los sonidos que producen, ayudan a determinar las causas fundamentales e intervenir con los medios adecuados.

Por eso es importante seguir las instrucciones del pediatra y actuar en consecuencia siguiendo sus consejos.

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