¿El bebé tiene fiebre? Esto es lo que debe hacer siguiendo las pautas actualizadas

Que no cunda el pánico, la fiebre es amiga y necesitamos entender sus causas y observar su evolución. Seguir un protocolo para mantener el curso bajo control lo hace fácil.

Los métodos de intervención en caso de enfermedad no siempre son los mismos y cada época se caracteriza por cambios profundos que pueden tardar años o incluso generaciones antes de ser aceptados por la población en general. Lo mismo ocurre con los tratamientos para la fiebre, especialmente cuando afectan a un bebé recién nacido. Se trata de episodios desagradables que generan ansiedad y gran confusión, especialmente en los nuevos padres que no tienen otros parámetros de referencia para entender cuál es el umbral de alerta.

De acuerdo con las nuevas pautas actualizadas para los procedimientos a realizar en caso de fiebre en el recién nacido o niño, existen cambios profundos. Incluso el enfoque de la ciencia médica hacia las terapias sugeridas para este trastorno ya no parece tener mucho en común con lo que se recomendaba hasta hace algunas décadas.

La fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma

Pediatras e inmunólogos insisten en la urgente necesidad de informar que la fiebre en sí no es una enfermedad a controlar. Más bien, es un síntoma, una respuesta del sistema inmunológico a la acción de patógenos en el cuerpo.

Hoy, como en el pasado, se sigue enfatizando que cuanto más febril contrae un niño en edad pediátrica, mayor es la capacidad del sistema inmunológico para fortalecerse y diferenciarse.

De hecho, la fiebre es la respuesta del cuerpo a la defensa contra los ataques de virus y bacterias. Por lo tanto, esto es una prueba de que el cuerpo está reaccionando correctamente al estímulo de la infección actual. Detener este delicado mecanismo a los primeros signos es un riesgo: el sistema inmunológico no puede desarrollar su respuesta correctamente.

Con el tiempo, las indicaciones de los tiempos correctos de la cirugía han ido cambiando. Hoy, la fiebre se considera medio grado por encima de la temperatura estándar. Entonces ya 37 ° representan una primera señal de que algo está sucediendo en el organismo.

Pero los pediatras desaconsejan intervenir con antipiréticos antes de que la temperatura alcance, al menos, 38,5 °. Algunos sugieren esperar hasta alcanzar los 39 °, mientras que las directrices actualizadas publicadas por la Sociedad Italiana de Pediatría Preventiva y Social sugieren intervenir solo si el niño se encuentra en un estado de sufrimiento evidente.

Falsos mitos que aún crean confusión

Por tanto, es bueno comprobar la progresión de la fiebre, el estado del paciente y vigilar atentamente la duración de la alteración. Estos elementos son útiles para evaluar el verdadero alcance de la infección actual.

Una vez más, en la actualización de 2016 de las directrices italianas para el tratamiento de los signos y síntomas de fiebre en pediatría, leemos que la administración de medicamentos debe considerarse cuidadosamente.

De hecho, se recomienda encarecidamente no alternar los dos antipiréticos por excelencia, ibuprofeno y paracetamol. Además, se hace referencia al hecho de que cada vez menos pediatras recomiendan esta práctica para el manejo de la fiebre alta.

Los medicamentos antiinflamatorios deben usarse principalmente para aliviar cualquier malestar y no deben usarse solos. Los niños, especialmente los mayores, pueden sobrellevar bien una fiebre muy alta sin ser molestados en lo más mínimo. A veces, sin embargo, incluso una elevación moderada puede estar asociada con un malestar intenso y, en este caso, es una buena idea intervenir para aliviar la tensión.

Otro de los mitos que rodean a la fiebre es la necesidad de utilizar el antibiótico después del tercer día de fiebre. Algunos pediatras todavía justifican esta práctica para prevenir cualquier infección bacteriana asociada a un debilitamiento debido a la acción del virus. Esta práctica, sin embargo, es muy peligrosa, ya que debilita aún más el cuerpo del niño enfermo y compromete la eficacia del sistema inmunológico. La administración de antibióticos siempre debe ser prescrita por el pediatra y no puede tomarse como una forma de automedicación.

Además, para estar seguro de la eficacia del principio activo del fármaco, siempre se debe tomar un hisopo para comprobar el tipo de bacteria y el tratamiento adecuado que debe administrarse para tal fin.

Consejos para una buena gestión de la atención

En un curso normal de la enfermedad, bastan tres días para ver las primeras mejoras y un poco más para asegurar la desaparición de los síntomas asociados a la gripe común. Es importante saber que puede contar con el apoyo de su pediatra de confianza y poder consultar sus consejos para gestionar mejor las fases de alerta intensificada. Será esta figura profesional quien valorará la entidad y la gravedad de la situación y determinará el tipo de intervención o la posible necesidad de hospitalización en casos extremos.

Dependiendo de la edad del niño, la necesidad de consultar a un médico es más o menos oportuna. Los bebés menores de cuatro semanas necesitan intervenciones rápidas y controles cuidadosos debido a su particular fragilidad. Los niños a partir de un año pueden manejar las agresiones de forma independiente apoyándose en apoyos conocidos: buena hidratación, nutrición ligera pero constante y antipiréticos si es necesario.

Es bueno evitar cubrir a demasiados niños, quienes en su lugar deben usar ropa ligera para evitar aumentar aún más la temperatura corporal.

Administrar medicamentos solo si es necesario

Hacer que los niños tomen medicamentos no es fácil. La forma en que se administran los medicamentos determina una gran parte del resultado exitoso de la terapia.

Las pautas actualizadas enfatizan la importancia de la administración oral, mejor que la administración rectal. Pero pronto los padres descubren cuánto más fácil es usar un supositorio en lugar de estudiarlos todos para tratar de convencer al bebé de que beba el medicamento.

Sin embargo, no es una operación imposible. Deje a un lado los recuerdos de la infancia y use una táctica simple. Una jeringa normal sin aguja es el arma perfecta para tragar incluso los medicamentos más amargos, limitando al máximo el sabor a la lengua del niño.

A los bebés más pequeños se les puede administrar el medicamento mientras están amamantando o alimentando con biberón. A los mayores se puede intentar pedir un gran acto heroico, indoloro y eficaz, pero en verdaderos capitanes valientes.

Cómo medir la fiebre correctamente

Para asegurarse de mantener bajo control la progresión de la enfermedad, es bueno saber cómo medir la fiebre a medida que avanza.

En casa, es recomendable tener el termómetro clásico con la bombilla sensible a las variaciones de temperatura. Puede elegir el de vidrio analógico, relleno de una aleación de metal llamada galistano, o puede usar el termómetro digital.

A menudo, no se recomienda utilizar otros sistemas utilizados en el consultorio del médico, ya que pueden ser difíciles de usar y dar resultados falsos.

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