De qué forma distinguir las contracciones y qué hacer en el momento en que ocurren

distinguir las contracciones y qué hacer en el momento en que ocurren

Los contracciones representan una señal indudable del comienzo del trabajo. Lo que muchas mujeres no saben es que la primera fase preparatoria, especialmente para las primerizas, puede durar muchas horas antes de ser eficaz en el parto.

La contratación de la va a ser atendida en breve y la duración de esta etapa no tiene nada que ver con el resultado del embarazo o un talento o defecto especial de la madre. Solo sigue las necesidades concretas del cuerpo de la mujer para prepararse para el parto.

Ellos son los llamados contracciones preparatorias en una etapa llamada prodrómico. Aquí se manifiestan las etapas iniciales de la transformación física primordiales para beneficiar el paso del feto desde el canal vaginal.

Gran parte de los movimientos uterinos de contracción no son percibidos por la mujer, pero ocurren a lo largo del embarazo y de una manera más pronunciada en el final. En el momento en que se sienten los primeros dolores, es la señal clara del comienzo de la etapa lo que va a conducir al parto. Es bueno tener en cuenta que, en gran parte, el trabajo activo está regulado inconscientemente por el cerebro de la madre. Un ámbito acogedor y condiciones perfectas en las que la mujer se siente cómoda son funcionales para la aceleración de la etapa laboral activa.

La etapa preparatoria

También popular como Contracciones de Braxton Hicks, son espasmos que la mujer siente en el abdomen y que recuerdan bastante el dolor menstrual. En ciertos casos, recuerdan los dolores del primer ciclo, cuando el cuerpo aún no estaba bien asentado en el cambio. Pueden manifestarse en una manera aproximadamente intensa y representar una señal para leer con la debida atención. No es en sí mismo la alarma lo que advierte de la urgencia de correr al hospital, pero es imposible determinar con precisión cuánto tiempo llegará este preciso momento.

De forma imperceptible, estas primeras contracciones preparatorias suceden con más grande intensidad a lo largo del último mes de embarazo. Pero el contracciones uterinas ya ocurren cerca del quinto o sexto mes, sin ocasionar alarma. Hay un endurecimiento del vientre, aunque con frecuencia no va acompañado de dolor. Son funcionales para alentar las paredes uterinas que, poco después, deberán disfrutar del escape del niño a través del canal de parto.

Es importante resaltar que estos no son los dolores, o sea, no es en esta etapa donde tiene lugar la dilatación del cuello uterino, fundamental para el inicio del nacimiento real. Reconocer precisamente cuándo ir al hospital debemos considerar la frecuencia con la que ocurren estos dolores. Pueden durar de 30 a 60 segundos, pero son irregulares, es decir, no tienen una cadencia precisa y próxima, como es el caso del parto. Aunque pueden ser muy molestos y, en algunos casos, debilitantes, no hay miedo en tener en cuenta que pueden durar incluso durante días.

Entre los puntos más espectaculares del mal de nacimiento es agotarse en el momento exacto en que desaparece la contracción. No tiene un tren permanente como lo hace con el dolor causado por un trauma. Esto quiere decir que la mujer tiene un tiempo de recuperación para ser explotada entre dolores.

Comprender la función de las contracciones en el embarazo

Varias cosas adquieren un aura de inquietud y también inquietud si no se conocen las causas profundas. Es bueno tener en cuenta que este episodio desagradable que acompaña a la última etapa del embarazo y que tiene la posibilidad de tener una duración indefinida, tiene un propósito específico.

Tal como lo hace en el momento en que adiestra en el gimnasio, debe aceptar aguantar un mal profundo causado por la contracción muscular. En un caso así, la contracción del útero es servible para el fortalecimiento muscular del área que participa activamente en la expulsión del feto. Además, la contracción que no causa dilatación tiene el efecto de dirigir el fluído sanguíneo hacia la placenta.

O sea, es útil que el cuerpo se prepare para la fase final del embarazo. Aquí la mujer se reta a sí, resistiendo miedos, incertidumbres y tormentas emocionales que, es inevitable, marcan la transición de estar en un cuerpo a convertirse en dos individuos diferentes. Este es el momento adecuado para continuar los impulsos y liberarse de los balastos innecesarios que obstaculizarían la etapa final, la que lleva a la mujer a transformarse en madre.

Nos deshacemos de lo que produce afecciones. Ciertas mujeres devuelven si la digestión se vuelve bien difícil de conducir al mismo tiempo, otras comen si sienten que necesitan energía. Algunos se deshacen del sujetador de lactancia otros están completamente desnudos. El nacimiento está marcado por experiencias que, indelebles, marcan la experiencia de la madre.

Las señales que alarman

Los contracciones de nacimiento tienen una naturaleza diferente a la de la fase prodrómica. La condición perfecta es ir al hospital solo en el momento en que se generan dolores de parto que tienen la posibilidad de causar la dilatación del cuello uterino. Pero es bueno no subestimar signos de todas formas esenciales. En especial en las últimas etapas del embarazo, este tipo de contracción puede asociarse con la descomposición del agua, la amniorexis.

En un caso así, es bueno preguntar al médico que evaluará de qué forma controlar el estado del feto según las condiciones concretas. No se deben menospreciar otros acontecimientos como el sangrado o la aparición de mal abdominal intenso y es esencial recurrir a la atención médica.

La fase de dilatación

De qué forma reconocer las contracciones cierto, en consecuencia? En la última fase que antecede a la expulsión, el cuerpo se prepara para dejar espacio a fin de que el bebé salga. En la última fase, el cuello uterino se expande y está aquí en el momento en que sucede mal en la parte de abajo del abdomen y la espalda con ramas en los muslos y el pubis.

El advenimiento de la dilatación está señalado por la expulsión de la tapa mucosa. Esto está en el cuello uterino y protege el útero de la penetración de bacterias. En el momento en que se expulsa es denso y blanquecino, habitualmente se mezcla con poca sangre. El dolor marca gradualmente el ritmo de la dilatación poco a poco más apremiante y marca el tiempo en que la mujer puede intervenir para beneficiar la expulsión. En esta fase, el cuello del útero se aplana y se acorta completamente hasta que desaparece. La expansión prosigue y de 3 cm pasa a los 10 precisos para aceptar el nacimiento.

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