Cómo bajar la fiebre en un niño

La temperatura corporal elevada es una respuesta fisiológica a los ataques de patógenos, no es el enemigo y debe entenderse con la atención adecuada.

Cuando la fiebre se debe a causas transitorias y no existen situaciones especialmente críticas o enfermedades crónicas, el curso se produce de forma espontánea y sin intervenciones especiales. Es bueno saber qué esperar de estos episodios febriles para que pueda intervenir y reconocer una posible emergencia.

Mide la fiebre y determina cuándo intervenir

La evaluación del estado del niño es sin duda el primer aspecto a tener en cuenta. Después de medir la fiebre con un termómetro digital (aquí está la lista de los mejores productos) o tradicional, hay otros síntomas que ayudan a determinar el origen del trastorno, desde la congestión nasal hasta la tos, en el camino. por vómitos y diarrea.

En su mayoría, son reacciones normales del cuerpo que intenta liberarse de los patógenos que lo atacan. En este caso, es bueno medir la temperatura corporal para determinar si hay una infección en curso y considerar la condición del niño en su conjunto.

Si muestra signos de malestar, es bueno intervenir para intentar calmarlo y permitirle recuperarse para hacer frente a la enfermedad. El curso normal es de unos tres días, durante los cuales la temperatura tiende a bajar o incluso a regularse de nuevo.

Una buena hidratación es importante

Si el niño tiene gripe y fiebre alta, la primera recomendación es ofrecer más agua para beber.

La sudoración, los vómitos o la diarrea más intensos pueden provocar deshidratación. En este caso, el niño se encontraría en un estado particular de sufrimiento del que es más difícil liberarse.

Para evitar tener que correr a refugiarse más tarde ante el primer signo de fiebre, debe intentar hidratar al bebé tanto como sea posible. Por ejemplo, amamante con más frecuencia si el bebé siempre se amamanta de esa manera.

Evita el riesgo de la acetona

Es una de las condiciones más comunes asociadas con un estado febril. La acetona es una condición especial del cuerpo en la que se siente un consumo repentino de azúcares. El cuerpo utiliza este sistema para satisfacer necesidades energéticas específicas que requieren que el sistema inmunológico trabaje contra los patógenos.

Específicamente, es una sustancia liberada por el cuerpo cuando afecta las reservas de grasa después de que todas las reservas de glucosa se agotan para hacer frente al aumento de temperatura. Los padres aprenden rápidamente a reconocer esta condición en los niños por el peculiar olor que desprende. De hecho, el cuerpo elimina las cetonas producidas por la orina y la respiración.

Por este motivo, es recomendable combinar la terapia con el aporte de glucosa, en forma de frutas, zumos de frutas y azúcar para reequilibrar los niveles de azúcar en sangre y evitar afectar las reservas de lípidos.

Dosis y sobredosis de drogas.

La fiebre es causada principalmente por virus que afectan el tracto respiratorio o intestinal, o por bacterias, siendo el estreptococo el más común. Estas son afecciones diferentes y comunes que son diagnosticadas por el médico y requieren terapias separadas.

En la mayoría de los casos, el tiempo es el mejor remedio para aliviar las molestias asociadas a las intervenciones destinadas a mejorar el estado general del niño. Por lo tanto, una buena nutrición e hidratación suelen ser condiciones suficientes para promover una recuperación normal.

En el caso de que el pequeño presente condiciones de alto estrés, como dolor o malestar general, es bueno intervenir con antipiréticos. El paracetamol, Tachipirina, se considera el fármaco antiinflamatorio más inofensivo. Asociados al ibuprofeno, Nurofen o Moment, son los remedios por excelencia para contener la fiebre por debajo de una determinada temperatura.

Sin embargo, es una buena idea tener en cuenta los efectos secundarios en el hígado que pueden desencadenar medicamentos si se toman incorrectamente. La cantidad de medicamento que se debe administrar después de pesar al niño debe controlarse de cerca para no exceder la dosis recomendada.

Antibióticos solo si es estrictamente necesario

Los antibióticos no son medicamentos de venta libre, por lo que solo deben administrarse con receta médica. Sin embargo, a menudo sucede que se abusa de ellos o se solicitan de manera inapropiada.

Es bueno recordar que su efectividad solo es válida contra bacterias y que para cada cepa existen moléculas específicas para contrarrestarlas. La improvisación inadecuada o la toma de antibióticos conduce al desarrollo de cepas de bacterias resistentes a los medicamentos, un riesgo que ciertamente no vale la pena correr.

Desnuda al pequeño y averigua lo máximo posible

Cuando su bebé tenga fiebre alta, recuerde que no debe exagerar con mantas y ropa. En cambio, la piel debe poder respirar y puede asumir la función de regular la temperatura.

Un sistema delicado y muy preciso permite la autorregulación de la temperatura según las necesidades reales del organismo. Demasiados pijamas de franela y capas de mantas pueden interferir con la capacidad innata de curarse a sí mismo. Pero si el pequeño dice que tiene frío, no es necesario que lo deje charlar.

Cuándo consultar a su médico

Cuando el bebé es muy pequeño, menos de 6 meses, es casi obvio contactar al médico para cualquier aclaración o duda. A partir del año, los padres son capaces de distinguir la extensión de la enfermedad y pueden iniciar la terapia sugerida por el médico en otras ocasiones similares. Se necesitan unos días para ver si la fiebre pasa por sí sola, generalmente el tercero es el que hace que la temperatura desaparezca o baje.

Si la fiebre persiste y hay episodios de malestar y malestar, el pediatra debe realizar más investigaciones y evaluaciones de las causas de la enfermedad.

Y en qué casos es bueno acudir a urgencias

La fiebre no siempre es “solo” fiebre. Este síntoma es común a diversas afecciones patológicas, desde las más frecuentes hasta las más graves, que requieren una intervención rápida.

Los síntomas como pérdida del conocimiento, convulsiones o dificultades respiratorias graves requieren una acción rápida.

Las intervenciones de primeros auxilios son cruciales si el niño está desorientado, los dedos o las comisuras de la boca adquieren un color azulado, se queja de fuertes dolores de cabeza o se pone rígido en el área del cuello. En estos casos es imprescindible llamar al 118.

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